Mejor es la maña que la fuerza

Más vale maña que fuerza, nos dicen desde niños para insistir en la importancia de utilizar la cabeza para solucionar los problemas. Pensar es la solución para la mayoría de dificultades que nos encontramos en nuestra vida. Puede suceder, sin embargo, que el acto de pensar excesivamente puede ocasionar un problema, una seria dificultad que nos bloquee, nos puede afectar de forma negativa en nuestra toma de decisiones. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez dando vueltas a un problema sin encontrar la solución pero, al tiempo, sin poder dejar de pensar en ello sin siquiera poder dormir?

El pensamiento excesivo se alimenta de la angustia, de las emociones mal manejadas, es como si tuviéramos una voz interna que actúa como un feroz castigador, alguien que pone en duda cada cosa que hacemos o decimos, alguien que nos recuerda los errores del ayer y se empeña en alimentarnos a base de miedos, de suposiciones, victimismos e incertidumbre”.

La persona que cae en este estado psicológico no tiene control sobre sus pensamientos, la preocupación no se detiene, no tiene botón de apagado y algo así genera un gran agotamiento físico y mental.

Quien piensa en exceso solo se centra en los problemas, jamás en las soluciones; y acaba agotado física y mentalmente.

Las personas no solo estamos hechas de músculos, de huesos y tejidos. También estamos hechos de miedos, ideas irracionales y un crítico interno muy negativo que alimenta ese pensamiento excesivo e inútil.

Reflexionar demasiado sobre los problemas puede convertirse en un problema.

La persona que cae en el pensamiento excesivo pierde el control sobre sus pensamientos.

Esta clase de pensamiento puede originarse por diversos motivos, entre ellos el estrés, uno de los más comunes. A menudo, nos sentimos superados por las demandas de nuestro entorno. Si la persona, además, carece de la fortaleza necesaria para manejar el estrés cotidiano, las preocupaciones y esas emociones adversas que surgen en el día a día, acabará perdido en este tipo de laberintos mentales. Un problema que deja tras de sí síntomas como la incapacidad de disfrutar de las cosas, el agotamiento físico y mental o la dificultad para conciliar el sueño.

Esta clase de pensamientos pueden arrastrarnos hacia el pasado o el futuro, nos sacan del momento presente llevándonos al pasado, que no existe, o a un futuro que tampoco existe.

Nuestra mente en ocasiones vuela sola y nos comienza a dañar sin que nos demos cuenta. Cuando reaccionamos, es tarde, ya estamos envueltos en pensamientos negativos y boicoteándonos solos.  Son muchas las personas que al llegar a casa empiezan a repasar todo lo dicho y lo hecho, así llegamos al punto de sentirnos culpables de todo y nuestra imagen comienza a decaer. Nuestra auto estima baja y cada vez nos vamos aislando más con el fin de evitar equivocarnos o dañar a alguien.

En el lado opuesto, quien se obsesiona por los acontecimientos futuros, lo hace a menudo para anticipar las fatalidades. Pensar en el futuro es conveniente para encontrar solución a los problemas, y lo hacemos basándonos en lo que hemos aprendido, pero muchas veces dejamos los pensamientos sin llegar a ninguna conclusión y los retomamos y dejamos miles de veces, haciéndolos inútiles. Así solo perdemos el tiempo.

Pensar mucho o poco no es malo, lo que hay que considerar es la función de los pensamientos. No se trata de pensar menos, sino de pensar mejor, lograr que nuestros pensamientos dejen de ser obsesivos para ser productivos.

Debemos reemplazar nuestros pensamientos negativos por positivos. Para ello es imprescindible abocarnos a la lectura de la Biblia, dedicar un tiempo a navegar en ella así como navegamos en Facebook, Instagram o lo que dedicamos a chatear con personas infructuosamente ya que no nos aportan nada a nuestra vida espiritual.

Es esencial comprometernos con nosotros mismos a un cambio. Son tiempos complicados donde debemos hacer un alto y reposar nuestra mente en Dios. No hay psicólogo ni psiquiatra que pueda sacar del infierno mental a quien lo sufre. Los pensamientos destructivos no saben de terapias, solo se vencen con el poder de Dios que emana de la Palabra de Dios y anula todo lo negativo tornándolo en positivo.

 

Versículos para leer: Eclesiastés 8:8; Proverbios 25:28; Isaías 55:7-9; Salmos 94:18-19 y Hebreos 4:12.

¡Que Dios bendiga tu vida!

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