Jueces implacables

1 Corintios 4:5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

Generalmente el ser humano juzga a los demás por lo que ven sus ojos. Si ven a una persona excedida de peso piensan o dicen: «Como va comer tanto», sin meditar que puede tener una enfermedad la cual provoca que engorde aún comiendo poco y nada.

Si ven a alguna persona con cicatrices en la cara piensan: «Este debe ser terrible, mirá la cara que tiene», sin siquiera pensar que pudo haber tenido un accidente.

Si ven una niña embarazada enseguida se piensa:»Que barbaridad como está la juventud, tan chica y ya embarazad», sin pensar que esa niña pudo haber sido violada. Pero se juzga solo por lo que se ve,
En lo espiritual igual, si un hermano se aparta se dice: «A este le gusta el mundo, ni ganas tiene de buscar a Dios», y puede ser que no le guste el mundo y si tiene deseos de buscar a Dios pero le cuesta demasiado o tiene muchos problemas y se ha quedado sin fuerzas y sin fe.

Así se juzga sin saber LAS INTENCIONES DEL CORAZÓN, debemos dejar de actuar como niños espirituales y no juzgar a los demás solo por lo que vemos o por lo que sentimos. Un niño cuando se separan sus padres piensa: «Tienen que estar juntos, son mis padres», «Tienen que amarse», el niño no piensa que ya no se aman y que esa relación no da para más, que es perjudicial y tóxica. Juzga por lo que él siente y cree. Pero no conoce todo lo que sucede en el matrimonio y menos lo profundo del corazón de sus padres.

La Biblia habla de las motivaciones, que es lo que nos mueve a hacer una u otra cosa. Dios mira lo que nadie ve dentro de nuestro corazón. Cuales fueron las circunstancias que nos llevaron a actuar de determinada manera, esto los seres humanos no podemos hacerlo por lo cual no podemos juzgar a los demás.

Algunos han enseñado de tal manera el evangelio a sus congregantes y oyentes que han puesto un espíritu de crítica en muchas personas que viven juzgando y señalando con el dedo a todos. Viven emitiendo juicios sobre los demás cual fariseos. En un juicio se emite una condena o sentencia y el Señor no nos ha mandado a condenar. Él no vino a condenar sino a salvar y para llevar ese cometido cada uno de nosotros debemos cuidarnos de emitir juicios y ocuparnos de nuestra propia vida. y no de la de los demás.

Si alguien hace las cosas mal Dios le dará su pago, si las hace bien también, por lo tanto en vez de estar pensando que hacen los demás meditemos que hacemos nosotros para hacer su voluntad y cuidar nuestra salvación.

Salmos 139:23-24

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos;  Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.

 

¡Que Dios bendiga tu vida!

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